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Padres – Madres Homoparentales (por David Sánchez Magdaleno)

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No tan iguales

El reconocimiento del derecho de adopción por parte del colectivo LGBT fue el primer tramo de un largo camino hacia la igualdad efectiva.

Legalmente está reconocido. Sin embargo, las parejas homosexuales se encuentran frente a una discriminación social a la hora de adoptar menores impropia del siglo XXI. La lucha para conseguir este derecho ha sido dura y comenzó a dar sus frutos en el año 2005. A pesar de ello, todavía hay ciertos sectores sociales que se oponen a este principio de equidad. Olvidan que lo primordial es el bienestar del niño o niña en espera de una familia que mejore su calidad de vida.

El concepto de adopción ha variado su significado conforme la sociedad iba evolucionando. La primera vez que se tiene constancia, por escrito, de este término data de hace más de 4.000 años. El Código de Hammurabi, uno de los códigos legales más antiguos que se conservan, ya recoge entre sus líneas que “si uno tomó a un hijo en adopción como si fuera su hijo, dándole su nombre y lo crió, no podrá ser reclamado por sus parientes”. Las grandes civilizaciones que vinieron después también utilizaron las adopciones para dotar a una familia de un hijo. Algo muy útil a la hora de elegir sucesores y herederos.

En España no fue hasta el año 1958 cuando se empezó a entender la adopción como una forma de conferir a un niño de una familia y no al revés, es decir, un mero trámite para aumentar el número de integrantes de un linaje. Los intereses de los adultos a partir de este momento, por tanto, pasaron a un segundo plano. Desde entonces la legislación al respecto ha sufrido múltiples cambios hasta llegar a la que tenemos en la actualidad.

Desde el año 2005, cuando se aprobó en España el matrimonio entre personas del mismo sexo, las parejas homoparentales, a pesar de la oposición de ciertos grupos sociales, pueden formar una familia. En teoría con los mismos derechos que las parejas tradicionales. Esta nueva posibilidad para el tan magullado colectivo reside en la nueva definición del concepto ‘familia’. Antes por familia se entendía un hombre y una mujer unidos en matrimonio y su descendencia. Hoy la RAE la define como un “grupo de personas emparentadas entre sí y que viven juntas”.

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Colectivo LGBT

A partir de la Ley 13/2005 y hasta el comienzo del año 2013 se habían celebrado 848 matrimonios homosexuales en suelo vasco. Según datos del Eustat, mientras que las uniones tradicionales descienden año tras año, las bodas entre personas del mismo sexo mantienen una tendencia ascendente.

El prohijamiento se ha convertido en una de las escasas opciones que tienen las parejas homoparentales para introducir una presencia infantil en su hogar. En las parejas homosexuales formadas por varones la inseminación artificial, una opción a tener en cuenta en parejas de lesbianas, resulta imposible. Además el Gobierno de Zapatero ilegalizó en 2006 los vientres de alquiler. Según un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Madrid el 16% de las parejas formadas por personas del mismo sexo eligen la adopción como herramienta para introducir la presencia de un crío en su vida familiar.

El contexto familiar es el factor principal a tener en cuenta para conceder una adopción. El estudio ‘Análisis comparativo de las nuevas estructuras familiares como contextos potenciadores del desarrollo psicológico infantil’, realizado conjuntamente por la UPV/EHU y la Universidad de Sevilla, desprende que los pequeños que son criados por padres o madres homosexuales crecen en un contexto familiar similar o de mayor calidad que el de otros tipos de hogares. “La flexibilidad, la apertura, la capacidad de comprensión son las principales ventajas de estos padres”, reconoce Enrique Arranz, coautor del estudio y catedrático de la Facultad de Psicología de la UPV/EHU.

El colectivo LGBT se enfrenta a muchos impedimentos, principalmente de tipo social, para poder ampliar su núcleo familiar. Desde el punto de vista empírico, el rechazo al derecho de los gays de adopción no se sostiene por ningún lado. “Los motivos ideológicos tratan de poner trabas al respecto, pero esto es difícilmente demostrable ya que, de ser manifiesto, sería ilegal y por lo tanto denunciable”, sentencia rotundo Jesús Estomba, responsable del servicio Berdindu, el centro vasco de asistencia al colectivo LGBT.

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Adopción internacional

En Bizkaia, en el año 2012, se produjeron 63 adopciones tanto nacionales como internacionales. Las parejas homoparentales ven su abanico de posibilidades reducido al ámbito nacional ya que la mayoría de los países extranjeros impiden el prohijamiento por parte de personas homosexuales. Jesús Estomba ni entiende ni comparte estas barreras. “Resulta una falsa justificación basada en el prejuicio y no en datos demostrables científicamente”, denuncia en favor del colectivo LGBT.

Las numerosas restricciones en los países de origen del crío impiden a las parejas homoparentales acudir a naciones extranjeras en busca de un niño al que ofrecerle su cariño. Los estados que permiten la adopción por parte de parejas gais son, en su mayoría, países desarrollados por lo que sus respectivos centros de acogida no están muy frecuentados. Las instituciones tienen muy presente esta contrariedad. “En este momento son muy pocos los países que admiten que una pareja homoparental pueda adoptar. Se puede decir que esta vía está prácticamente cerrada”, afirma Nati Monforte, secretaria de la Defensoría del pueblo del País Vasco.

“Necesitan un padre y una madre para su correcto desarrollo”. Un tópico repetido hasta la saciedad entre los detractores de la adopción homoparental. Una ideología que podía tener cabida allá por el año 1900 cuando se fundó el psicoanálisis. Hoy está demostrado que el desarrollo de un niño, inclusive su orientación sexual, no depende únicamente de los factores sociales. Las variables genéticas desempeñan un papel tan importante como las primeras. “Esto es un cliché cultural proveniente del psicoanálisis de Freud”, aclara Enrique Arranz, catedrático de la Facultad de Psicología de la UPV/EHU.

Desde la Defensoría del pueblo del País Vasco destacan el gran trabajo que se está haciendo en materia de igualdad. La adopción internacional, aunque sea competencia extranjera, sigue siendo la gran labor pendiente. “El cambio de esa situación depende de la legislación nacional de los países”, reconoce Monforte. El catedrático de Psicología Enrique Arranz, por su parte, opina que la solución pasa por “desexualizar” el tema. La capacidad de unas personas para criar adecuadamente a un niño no se puede centrar en su orientación sexual. El asunto es “más complejo” que todo eso y aunque en el ámbito legal, más o menos, esté comprendido, socialmente queda mucho por hacer.

Un grupo de familias, independientemente de su estructura interna, no pueden ni deben ser despreciadas para arreglar la vida de unos niños y unas niñas que se encuentran en condiciones desfavorables. Algo que hoy algunos no entienden y otros, después de un largo camino que culminó con la aprobación del matrimonio homosexual, empezaron a comprender en el año 1958. Pasar por alto que lo principal son los intereses del menor es el gran error de fondo.

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