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Iconos en el ropero

Una marca de zapatillas concreta, un polo, un corte de pelo y una barba arreglada de determinada manera pueden convertirse en señales más que claras de que quién se viste y arregla con semejantes elementos es gay. No es una regla escrita ni acertar al 100%, pero estarás conmigo en que determinadas marcas de ropa, complementos y manera de lucirnos nos convierte en hombres casi casi uniformados que responden a cierta tendencia sexual. Ya se que ahora estaréis pensando en que mi argumento se cae por su propio peso y que vosotros vestís de manera única y exclusiva, pero con los ejemplos que os voy a dar os daréis cuenta de que en algunas cuestiones estamos aborregados y la moda es una de ellas.

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Empiezo por la ropa interior, esas prendas que no siempre se ven pero que cuando las enseñas es en esos momentos en los que quieres que quede claro quién eres, como en el gimnasio o cuando pillas. Una marca que es todo un clásico en nuestros armarios es 2(X)ist, una marca que tiene que ir acompañada de un bono de gimnasio para que te queden bien sus slips y que siempre ha dejado a las claras a quién va dirigida, a través de sus campañas de publicidad homoeróticas. Otras marca similar es Ginch Gonch, sinónimo de que en la vida hay mucho más que un boxer, y que un arcoiris anima cualquier paquete. Y para que tus atributos vayan a la moda sin gastar demasiados euros la solución pasa, aunque te parezca mentira, por H&M, multinacional que ha sabido aportar rayas, colores y estampados a nuestros calzoncillos y que ha imprimido color a nuestros aburridos boxer de raya diplomática.

Pero vamos al capítulo más evidente, al de la ropa y el calzado, a esas prendas que analizamos milímetro a milímetros en nuestros contrincantes de discoteca o en nuestros similares para identificarlos como miembros de nuestra misma manada. Y es que los gays nos apropiamos muchas veces de marcas y de estilos, de modo que si nos cruzamos con un tío que viste como nosotros siempre pensamos en que es de los nuestros, y de eso nada. Un ejemplo claro son la zapatillas New Balance, una marca que desde que la hemos hecho nuestra ha aumentado sus ventas en un alto porcentaje. Si a las NB le sumamos la característica de que sean se cuero ya se nos pasa por la cabeza al tío en cuestión dándonos de lo lindo en la cama y escupiéndonos en la cara en el momento de llegar al orgasmo, menudo peliculón por unas simples zapatillas. Otra marca de la que nos hemos apoderado con el permiso de los cientos de heteros que la compran es Abercrombie & Fitch, marca que empieza en 1.892 vendiendo artículos de acampada y que ahora forma parte de nuestro ropero, previo paso por sus tiendas donde decenas de bigardos venden camisetas enseñando torso. Y qué decir de Fred Perry, esa marca de los polos de colores con un corte que sienta de maravilla tanto para los gays con hechuras osunas, barrigudos y con buenos biceps que revientan el elástico de las mangas, o a los cachas que disfrutan con el marcaje de los polos a la altura del pecho, o a los más delgados que convierten a sus cuerpos carentes de carne en unos cuerpos bien armados.

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Pero no nos olvidemos de esas marcas que son auténtico lujo como Bikkembergs, lujo llegado desde la misma Bélgica destinada a gays con un alto poder adquisitivo y con cuerpos de gimnasio, para qué nos vamos a engañar. Son prendas no aptas para noches de Kalimotxo de polvos ni para txosna de pueblo, se trata de una marca fetiche para los gays, la propia marca incide en ello, pero sin espantar a los metrosexuales heteros, muchos de ellos pertenecientes a un mundo tan masculino como el del fútbol, de hecho ha diseñado el propio uniforme del Inter de Milán. A esta marca se le suman muchas otras que hemos hecho nuestras aunque sean una auténtica “chuche” también para los heteros, es el caso de D&G, Armani, Hugo Boss y así un largo etc.

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Pero al margen de los que muestran nuestros cuerpos o nuestros pies, también nuestra cabeza y nuestra cara más concretamente demuestran muy a las claras quién nos gusta que nos quite las telarañas. Muchos gays ven en la barba un símbolo de masculinidad o de cierto misterio, pero lo mejor de todo es que es muy raro que la barba siente mal a un tío y ahí hemos visto un auténtico filón, además sumamos lo que nos gusta el pelazo a la mejor fórmula para intentar tapar que somos poco agraciados. No hay nada que nos ponga más que una buena barba poblada y negra, eso sí arreglada y con la piel bien hidratada. De nada vale una barba desaliñada, tampoco hacemos ascos a esas barbas recortadas que pueden hacer juego con un buen pecho peludo y recortado, una fórmula que se conjuga a las mil maravillas con una cabeza rapada, bien sea por gusto o por necesidad. Si quieres tener un aire más bohemio pon una melena larga en tu vida, que acompañada de una buena barba, te convertirá en un pichón a tiro en la noche más hot. Y si a la barba y a la cabeza rapada le sumamos unos tatuajes al regalo sólo le falta el celofán. La imagen del gay del S.XXI pasa por una barba espesa, una barba recién cortada y unos biceps adornados con un tatoo, nos da lo mismo tatuajes de color, orientales o tribales, lo importantes es dar la imagen de chico malo. Y es que una barba siempre es sinónimo de maquina sexual, y ya sabes que dónde hay pelo hay alegría.

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