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Consejos para iniciarse en el BDSM

El éxito de la trilogía de “50 Sombras de Grey” ha disparado el interés de la sociedad por conocer el mundo BDSM y las prácticas sexuales que engloba, amigas, curiosamente el éxito de la saga de Harry Potter no ha disparado el interés en volar sobre una escoba, pero esa es otra historia

¿Qué coño es el BDSM? Os estaréis preguntando, o no, da igual, porque yo os lo voy a contar maricones. El BDSM es un término creado para abarcar un grupo de prácticas eróticas libremente consensuadas. Se trata de una sigla que combina las letras iniciales de las palabras Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo.

Si amigas, son cuatro letras para séis palabras. Yo tampoco lo entiendo, pero tampoco entiendo la física cuántica y ahí está. Este grupo de prácticas se centran en obtener placer a través de la sumisión, dominación, la restricción de movimientos y el dolor. Yo lo practico madrugando para ir al gimnasio cada día y placer no obtengo, pero se me esta quedando un tipín, nenas!

Si eres de los que disfrutan recibiendo hostias o dándolas, si te mola vestir de lagarterana o que te aten a una farola, si anhelas que te insulten o escupir a otra mariquita está bien, tía, que en esta vida tiene que haber de todo, por eso existen Ines Arrimadas y Massiel, sin embargo, y sobretodo si eres primeriza o muy bruta, es crucial conocer los fundamentos básicos de este tipo de prácticas para disfrutarlas plenamente, amiga, no vayamos a tener un disgusto.

Por este motivo, yo, que no tengo ni puta idea, os voy a dar las 4 claves para que la introducción al mundo de esta erótica sea un éxito y vuestra próxima quedada por el Grindr no termine como el rosario de la aurora, hijas de la gran puta, que me descuido y me montáis un CSI Las Vegas en menos de lo que Mariah Carey hace un gallo.

• Precaución y consenso: El BDSM es una práctica de intensidad y de límites que puede ofrecer un clímax sin igual, pero también puede hacerte pasar un mal rato si no sabes cómo gestionarlo de forma sana, segura, consensuada y progresiva. Por este motivo, el primer paso es delimitar y consensuar las prácticas que se quieren realizar y hasta dónde se quiere llegar. Aquí es importante la palabra clave, una palabra que indicará que quieres que el juego pare. Es importante elegir bien la palabra, que sea sencilla, no vayas a elegir como palabra clave “supercalifragilisticoexpialidoso” u “otorrinolaringologo” y termines sin dientes maricón.

• Cuidado con las ataduras: Hay cuatro reglas básicas para que los juegos de ataduras sean de lo más placenteros y no supongan un riesgo para la salud: nunca atar a una persona lo suficientemente fuerte como para que se duerma alguna parte del cuerpo, nunca dejes sola a una persona atada, no pruebes juegos de asfixia ni ates más allá del torso (como el cuello o la cara) y, en caso de emergencia, ten siempre a mano unas tijeras para cortar inmediatamente las cuerdas, no seas tan pava de intentes deshacer los nudos, a no ser que tengas un cursillo de macramé.

• Juega con los sentidos: la privación sensorial (vendar los ojos, tapar la boca, etc.) es sin duda alguna una de las tácticas más efectivas para aumentar el deseo, los niveles de adrenalina y, por lo tanto, de excitación. Cuando te vendan los ojos se agudizan el resto de tus sentidos, salvo el sentido común, que si lo tuvieras agudizado por los cojones ibas a permitir que te vendaran nada, maricón.

• Castiga, pero sin herir: en las sesiones de sexo BDSM, los juegos de roles son muy comunes, y más concretamente aquellos basados en “castigos”. Azotes y latigazos forman parte de esta práctica, pero es muy importante hacerlo correctamente, sabiendo las zonas del cuerpo en las que se puede llevar a cabo y la intensidad con la que se puede realizar. Yo, por ejemplo, tengo una amiga muy masoca que le gusta leer libros de Paulo Coelho, nada más abrirlo se le ponen los pezones como Campurrianas. Si alguien os ata y coge un libro de Paulo Coelho de la estantería es importante que recordéis vuestra palabra clave, que una puede ser muy masoca, pero no gilipollas.

Querida amiga sádica, masoquista, dominante o sumisa, en el sexo, como en la gastronomía, está todo permitido, salvo la piña en la pizza y el chorizo en la paella, así que a la hora de llevar a la práctica vuestras fantasías pensad siempre en vuestras piñas y chorizos, en aquello que no, y disfrutad de aquello que sí, tías.

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