Blog

Eres una Yonqui de las Redes

Las redes sociales han existido siempre, antes consistían en un descampado, una pelota y un grupo de niños, y todas las posibilidades que esos tres elementos podían desencadenar, tías, y en el peor de los casos te llevabas un balonazo en la cara. Las cosas han cambiado mucho desde el pleistoceno, salvo Cher, y hoy en día las redes sociales son una guerra que se juega en un lugar bien distinto y mucho más peligroso que el descampado de detrás de tu casa.

Internet nos trajo cosas importantes como el “Grindr”, los emoticonos y el porno gratis, y por un momento nos sentimos súper heroínas, pero todo súper poder requiere de una gran responsabilidad, y eso es algo de lo que carecemos, monas, que no tenemos freno, y así nos va, el Grindr echa humo, pero estamos más solas que la una; llenamos nuestros mensajes de emoticonos cuquis, pero no sabemos si mesura es la capital de Wisconsin o un edulcorante artificial; y vemos porno a todas horas, pero follar, follamos más bien poco…

Entre todas las cosas guays que nos ha traido “el interné” que diría mi madre, son las putas redes sociales las que se llevan la palma. Han venido a cambiar nuestra vida de tal manera que ya no quedamos para tomar un café, damos un “like”; no enseñamos las fotos de la boda a la vecina, las subimos y compartimos con todo el que las quiera ver; y ya no discutimos de política con el cuñado en Navidad, lo hacemos en estéreo con cientos de desconocidos parapetados tras un “nick” que les permite decir un montón de barbaridades que nunca se hubieran atrevido a decir en público.

Ahora los amigos los contamos por miles y los llamamos seguidores, Roberto Carlos se propuso tener un millón de amigos y al final va a ser que es así. Ya no nos vale con tener un par de buenos amigos, queremos tenerlos todos, y eso crea ansiedad. El césped del vecino siempre es más verde, su coche más potente y su puta cuenta de Instagram tienes más seguidores, y eso no lo podemos tolerar, así que entramos en un bucle que puede llevarnos a la adicción, porque amigas, las redes sociales son la heroína de los milenials, en vez de caballo van buscando amigas, seguidoras y “likes” a punta pala, como si no hubiera un mañana, y cuando quieren darse cuenta su vida es una puta mierda sepultada por un kilo de filtros embellecedores, cientos de “me gusta” y millones de seguidores.

Éstas son las consecuencias, según los expertos de la adicción a las redes sociales, tías. Si te sientes identificada es que eres una puta yonqui de las redes sociales y vas a terminar más consumida que Albert Rivera en un after.

Dificultades para mantener la concentración.
Aunque una persona esté físicamente presente en un lugar, su mente puede estar en otro totalmente distinto. Quien sufre adicción a las redes sociales consulta de forma compulsiva cualquier detalle, dejando en un segundo plano la realidad directa del día a día.

Si estás en una orgía y estás más preocupada de salir bien en el selfie que de las pollas que te rodean, eres una yonqui. Si estás en una fiesta y estás más pendiente de que tus seguidores sepan donde estás que de las personas que te rodean, eres una puta yonqui.

Alteración de los habitos de sueño y descanso.
La tendencia de vivir pegado a una pantalla altera el ritmo de vida en factores tan esenciales como el sueño y el descanso.

Si eres de los que dejas el móvil en la mesilla y reaccionas a cada vibración del móvil, al día siguiente vas a levantarte con los ojos de un mapache, porque amiga, eres una yonqui. Si eres de los que se hace un selfie fingiendo estar dormido, lo subes a tus redes sociales y escribes “durmiendo”, no hay duda amiga, eres una puta yonqui.

Distorsión de la realidad.
La persona se comporta como si el teléfono móvil fuese una prolongación de su ser, tan importante como una parte de su propio organismo, es incapaz de imaginar su vida sin la posibilidad de ilustrarla, compartirla y comentarla en sus redes sociales.

Si estas disfrutando de una maravillosa cena con tu novio y la imposibilidad de compartir el momento con cientos de desconocidos te provoca un corte de digestión, eres una yonqui. Si te sientes como una puta mierda, pero comprendes que tienes que fingir una felicidad que no sientes para obtener más “likes”, eres una puta yonqui.

Falta de cuidado de la privacidad.
Como consecuencia de esta pérdida de la esfera de la intimidad, quienes sufren adicción a Internet pierden el control de aquella información que comparten de sí mismos, es decir, no se dan cuenta de la cantidad de datos sobre su propia vida que facilitan a los demás. Gente que, en muchos casos, ni siquiera conoce en persona.

Si compartes fotos y videos comprometedores con desconocidos con el único afan de tener más notoriedad y seguidores, eres una yonqui. Si todo el mundo sabe en todo momento donde te encuentras, a donde vas o de donde vienes, además de ser una puta yonqui, es muy probable que te desvalijen la casa, cari, aunque no te preocupes, te puedes hacer un selfie cuando vuelvas a casa que es muy probable que se haga viral y te convierta en una estrella de las redes, por tonta y yonqui.

Vacío interior.
Las redes sociales están marcadas por la interacción constante pero, también, por lo efímero de esta forma de expresión. Una fotografía compartida en Facebook hace unas semanas es totalmente caduca a día de hoy. Por esta razón debes subir fotos a diario, para que tu notoriedad en las redes no decaiga.

Al final la foto semanal, se convierte en diaria, y la diaria en horaria y terminas documentando cada cosa que hagas por muy banal que sea, o lo que es peor, creando una ficción que te permite actualizar tu estado a cada segundo.

Si eres de las que miente sobre su vida en las redes sociales, eres una yonqui, tía, estás tan vacía que necesitas guionizar tu existencia para que ésta tenga algún interés, y es que lo poco gusta, pero lo mucho cansa, y tú eres muy cansina… y muy yonqui.

Maricón, apaga el móvil y levanta la vista, que te está saliendo chepa, y cuando lo hagas no vayas a compartirlo con el resto de la humanidad a través de las redes sociales, simplemente hazlo y disfruta, tía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.